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“On Photography” de Susan Sontag


Resulta estimulante, a mi juicio leer “On photography” de Susan Sontag ahora que se va a cumplir medio siglo de su publicación, por su refrescante y moderna reflexión sobre un medio que en aquella época peleaba aún por su reconocimiento como “arte” y que no tenía claro su alcance en el mundo de las ideas.


Sontag no entra en el debate sobre que la fotografía sea un arte o una técnica, hace algo más interesante. En lugar de preguntarse si la fotografía merece el estatuto de arte —debate que ya estaba agotado en los setenta—, le interesa cuales son los efectos de la fotografía en el mundo, qué relaciones de poder y de mirada instituye, qué poder transformador tiene en la percepción colectiva, no niega el carácter artístico ni técnico, sino más bien lo da por supuesto para ir más allá.


Sontag detecta o describe por vez primera la tensión que se crea entre en la cuestión de la autoría y la intencionalidad generada por la rapidez y automaticidad reproductiva de la fotografía: la cámara registra con una automaticidad que la pintura no tiene, y eso complica la noción romántica del artista como creador soberano. Pero esa complicación no es una negación, muestra una transformación del concepto de arte mismo, anticipado por Walter Benjamin y su concepto de aura y, que aún arrastramos epistemológicamente a pesar de la pretendida asunción de la fotografía como arte – baste recordar que PHotoESPAÑA tiene menos de treinta años de vida-.



Para Sontag la fotografía , es ante todo, más que arte o techné; un acto de apropiación. Tomar fotografías es apropiarse del objeto fotografiado, y esa apropiación lleva implícita una forma de complicidad con lo capturado: quien fotografía no participa de la acción sino que la retrata, y al retratar consiente que siga ocurriendo pero trastorna el suceso añadiendo su punto de vista, y de ahí ,un nuevo juicio moral, una nueva narrativa. De ahí la dimensión moral que conlleva fotografiar.


Mas allá del acto individual, la fotografía se convierte en un acto epistémico y visual colectivo: las imágenes fotografiadas se han convertido en una gramática y, aun más significativamente, en una ética de la visión. No solo configuran lo que pensamos, sino el modo en que pensamos. El estímulo constante de las fotos estructura la percepción de lo real con una eficacia que ninguna otra imagen había alcanzado.


Hay también una dimensión ontológica de raíz platónica: Sontag plantea desde la primera oración de On Photography que la humanidad permanece irredimiblemente en la caverna de Platón, y que, al igual que para Feuerbach, prefiere la copia al original, la representación a la realidad. La fotografía sería la versión moderna y masiva de esas sombras proyectadas en la pared y este pensamiento de Sontag, el más fructífero anticipo de la era que nos toca vivir.

 
 
 

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