"La presencia del negro" Pablo Sycet

Pablo Sycet, imágenes y palabras
He escogido este título –Imágenes y Palabras– para referirme a la obra pictórica de Pablo Sycet por dos razones: la primera porque en 2017 publicó un librito titulado Andalucía, imagen y palabra – Diálogos entre las artes y las letras andaluzas a caballo entre dos siglos (1917-2017); la segunda porque, en mi caso, desde que en 1964 me inicié en la poesía experimental (concreta, semiótica, visual, de acción, pública…), la alianza entre imágenes y palabras fue esencial, como se puede ver en el catálogo de la exposición que hice en el MNCARS en 2020. De hecho, la primera gran exposición de poesía experimental que organicé se pudo ver, en la primavera de 1966, en la más importante galería de arte de la época que había en Madrid, la galería Juana Mordó, que se encontraba en la calle Villanueva (y que ahora, por cierto, es una tienda de tapices y alfombras). El año 1972, mi participación en los Encuentros de Pamplona y mi retiro –poético retiro– en el campo de la isla de Ibiza, fueron la culminación de ese experimentalismo en el que combiné poesía, pintura, arquitectura…, y el inicio de mi interés por la pintura figurativa, dentro de la cual, pero de forma más personal que canónica, se puede encuadrar la de Pablo Sycet, lo que no le impide acercarse a menudo al expresionismo abstracto.
Fue entonces, en los inicios de los años setenta, cuando empecé a relacionarme con el arquitecto, pintor, poeta y músico Javier Utray, conocí a los pintores Guillermo Pérez Villalta, Carlos Durán y Chema Cobo, además de seguir tratando a mis viejos amigos Mano 9 lo Quejido y Herminio Molero, a los que había conocido en 1963. Aunque se trataba de una modalidad artística –llamada Nueva Figuración– que se hizo sobre todo presente en Madrid, estaba estrechamente vinculada a Andalucía, sobre todo a Málaga, Cádiz y Sevilla. Es en ese paisaje estético-urbano donde conocí a Pablo Sycet, no solo como pintor destacado, sino también –y para mí de forma especial– como profundo conocedor de variadas tendencias artísticas y, entre ellas, de tendencias artísticas del arte figurativo-rupturista que se abrió camino en los años setenta, se dio a conocer en galerías como Amadís, Seiquer, Sen, Vandrés, Vijande, etc. y empezó a gozar (o sufrir) de un considerable protagonismo cultural en los ochenta.
Uno de los rasgos que más me llama la atención en la obra de Pablo Sycet es, justamente, la alianza que en ella hay entre pintura y poesía, entre imagen y palabra. No son pocas los cuadros en los que alguna letra forma parte de la composición pictórica, como, por ejemplo, en Como humo se me va, una n situada en el ángulo inferior derecho del cuadro parece observar y querer intervenir en el cuenco del que surge un ondulante humo blanco, que llega hasta el límite superior del cuadro y está acompañado de una palmera. Lo que nos lleva a otro de los temas preferidos del artista: el Jardín. Se trata de jardines florecientes de colores y de insinuaciones poéticas, como se ve en Alfabeto amoroso (2022) y en El patio de su casa (2022), donde las letras (ne) brotan de un tiesto y se acercan a un damero a fin de que el espectador contemple un juego misterioso y colorista. Palmeras, corazones, torres, naipes se combinan con llamas… Y se conjuntan con el ya mencionado Alfabeto amoroso (2022), cuadro en el que el corazón viene a ser la encendida flor que brota de una rama-letra.

Sycet conoce muy bien a poetas visuales de los años sesenta y setenta y, también obviamente, a artistas de la generación inmediatamente anterior a la suya, que, de llamarse La Nueva Figuración Madrileña, pasó a denominarse Esquizos. Pienso en artistas como Guillermo Pérez Villalta, Carlos Alcolea, Manolo Quejido, Herminio Molero, Javier Utray, Carlos Franco, Chema Cobo…Sycet se diferencia de los que acabo de mencionar en que su pintura es, por un lado, de un colorismo o cromatismo más evanescente, digo, más de jardín que de arquitectura, más de tachismo que de geometrismo, más de expresionismo que de mero realismo, y, por otro, por el culto que rinde a la negrura, a lo que está más allá del color por integrarlos a todos. Llama la atención que Pablo Sycet llegase a conocer tan a fondo la obra de esos y otros artistas y que ese conocimiento y su pasión por lo ne gro le llevase, hace un par de años, a huir a Egipto –país de fantásticas tumbas milenarias–, como se ve en la serie de cuadros que bautizó con el nombre de La huida a Egipto. Para esa exposición escribió un texto, del que transcribiré el primer párrafo, pues refleja muy bien la personalidad estética (pictórica y poética) de Pablo Sycet. Ese párrafo dice así:
“La huida a Egipto es una pequeña muestra de pinturas sobre papel presentada el pasado mes de abril en El Cairo como un episodio más de un viaje a ese país que ha inspirado tantas ensoñaciones de pintores y escritores a lo largo de los siglos. Y aunque fue una pura obvie dad, es también un guiño feliz a la Historia del Arte, con mayúsculas, porque ha sido un tema muy socorrido como pasaje bíblico cuando los únicos mecenas y coleccionistas eran los Papas, los Reyes y los nobles de su Corte, pero también un motivo recurrente para artistas con la fe necesaria en lo que pueden enseñar las Sagradas Escrituras en tiempos más cercanos a nosotros porque, como toda la iconografía religiosa transmitida a través de los siglos, tiene un público que siempre la valora y la adquiere”
Al reflexionar sobre el pensamiento estético de Pablo Sycet yo subrayaría estos conceptos: viaje, ensoñaciones, Historia del Arte, mecenas, coleccionistas, la fe, las Sagradas Escrituras... La huida a Egipto es, creo, para Pablo Sycet el trámite que hay que resolver para, finalmente, arribar a la Tierra Prometida. Es ahí donde se halla la obra artística de Pablo Sycet. Una obra que nos pone delante de los ojos un Jardín Secreto y Nocturno que solo se revela a unos pocos contempla dores. Ahora, al volver a contemplar ese cuadro, en vez de titular este escrito Imágenes y palabras, debería haberlo llamado El Jardín Secreto y Nocturno de Pablo Sycet o, tal vez, Su huida nocturna a Egipto. De 12 algún modo Pablo Sycet ve su pintura como una huida. Como la huida de una realidad empobrecida a la que hay que enriquecer viajando estética y oníricamente por el mundo hasta hacer de la vida una obra de arte sin por ello darla nunca por concluida. De ahí que cada cuadro de Pablo Sycet sea una invitación a seguir recorriendo su pintura, pues su pintura es un viaje, un querer ir más allá. Más allá de la palabra y más allá también de la imagen y del color. Justamente, el culto que el artista rinde a la palabra y a las letras, o sea, a la escritura, como se ve en Un coche de agua negra (2026) o en Son de negro (2026), hace que a menudo, sobre todo en sus cuadros más recientes, palabras, y letras se destaquen sobre fondos oscuros, negros, nocturnos. Es como si nos quisiese decir que la Letra nace y entra en la Vida gracias a la Noche,
Ignacio Gómez de Liaño



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