Cano Erhardt
"En la ruta"
o
Cano Erhardt
"No es lo místico cómo es el mundo, sino que el mundo sea".
Tractatus Logico-Philosophicus
Ludwig Wittgenstein
Quizá sea porque, en mis procesos de comprensión, recurro siempre a los desplazamientos: para entender algo necesito irme a otro lugar, a otra cosa; y es precisamente ese 'otro' lo que termina explicándome lo que buscaba, que, bajo esta costumbre, intento comprender la obra de Cano Erhardt . Reflexionando sobre su nueva exposición se me figuraba que su transitar por el mundo y su forma de mirar corresponden a la de un flâneur actual; ese gran divagador que, a decir verdad, sigue aún poderosamente entre nosotros. Si trasladamos esa mirada al presente , esa mirada está en el fotógrafo-viajero, que fue bien definido por Susan Sontag como el pariente armado del flâneur, la cámara es el instrumento que justifica la mirada sin propósito y la coartada de su deambular ; una forma de apropiarse el mundo, de saborearlo.
El flâneur es ante todo una figura opuesta al turista y, esa fue la clave de una de nuestras exposiciones ¨wonders of nature” en la que Cano lamentaba profundamente la masiva ocupación de los sitios más vírgenes del planeta, sacrificados al viaje organizado y barato, donde al turista se le lleva al lugar común, a la imagen empaquetada y pre digerida; acompañado de un guía y un Baedeker, llega a lugares donde la experiencia ya está gestionada y empaquetada y, el conocimiento tasado, sin posibilidad de pensar por uno mismo lo que la experiencia puede enseñarnos. El turista no deambula: recorre un itinerario.
Lejos de la quimera del viaje se encuentra Cano, cuya mirada rastrea el mundo con curiosidad de paseante, no busca la foto que ya existe sino el instante y la mirada que pueda ser genuina. Lo interesante de su trabajo es que esta en triste tensión con el mundo que lo rodea, hostil, muchedumbroso, de personas que se fotografían ante las bellezas del mundo o las más excelsas obras del pensamiento, en una inconsciente falta de comprensión de lo que eso es, sin ser tocados por la experiencia estética.
Nuestro paseante no solo transita el espacio —calles, barrios, ciudades— sino también, y quizás sobre todo, el tiempo, deambular es una forma de habitar el presente de una manera que la vida utilitaria moderna imposibilita. El contemporaneo, el hombre de negocios, el turista incluso habitan el tiempo sin entenderlo el flâneur, en cambio, vive su tiempo con plenitud, lo paladea, lo deja transcurrir con atención, sin ansiedad.
El pensamiento griego clásico distinguía con dos palabras lo que para nosotros resulta indistinto: chronos , era el tiempo medido; secuencial y productivo, el tiempo de la actualidad y aquel que lleva en si el turista , que no se libera a través del viaje y kairos , el momento oportuno; el instante de calidad, el tiempo en que sentimos nuestro propio ser en la vida. Creo que Cano siente poderosamente esa perplejidad , como algo quieto y hondo que desea expresar: la sensación de estar ante algo que no termina de resolverse en concepto, que resiste la explicación y sin embargo es, con una contundencia absoluta.
En ello, quizá sin saberlo encuentra la pregunta más radical que existe, el flâneur que deambula, que contempla, que fotografía, está habitando exactamente esa pregunta sin formulársela abstractamente. Cada vez que su mirada se detiene en algo —una luz en una calle de una ciudad extranjera, un gesto, una textura— está experimentando, de manera sensible y concreta, el asombro de que eso exista. De que haya algo.
El flâneur-fotógrafo es alguien que vive en esa experiencia de lo místico en ese sentido preciso: el asombro ante la pura existencia de las cosas
























